LANDON Dejó su bufanda en mi coche hace dos días. Dos días. Y como el acosador que soy, ha terminado en mi dormitorio. En la mesita de noche y luego en mi cama. Está perdiendo parte de su fragancia, y me pregunto si es porque la he olido tantas veces como lo he hecho. No le he enviado ningún mensaje al respecto. Tampoco le he dicho nada a Stella, cuando podría haberle entregado la bufanda fácilmente para que se la devolviera a su profesora. Su profesora. He estado esperando. Curioso por ver si Elle me llama o me escribe pidiendo que se la devuelva. O, peor aún, si vendrá a buscarme y lo hará en persona. Es tarde y debería estar dormido, pero mientras acerco esa maldita bufanda a mi nariz e inhalo su dulce aroma floral —mi polla endureciéndose—, hago algo que definitivamente no

