CALEB La mujer sentada en mi regazo es una diosa. Me dije después de esa primera noche que no la buscaría. Ahora no puedo mantenerme alejado. Ha sido una batalla constante no tocarla, no besarla, no robar una inocencia que ella prácticamente admitió que aún conserva. Es divertida, increíblemente inteligente, enormemente talentosa, ardiente y absolutamente jodidamente deslumbrante. Nada de lo que acabo de decirle fue una frase hecha o una mentira. Ella lo es todo, la que todo hombre sueña con conocer y hacer suya. No puedo recordar un momento en el que haya deseado —estado tan jodidamente atraído por— una mujer. Paso tiempo con ella, todo el maldito día, y luego me despido, pero cuando llego a mi habitación, la extraño. La extraño cuando no estoy con ella. Pienso en ella cuando no estoy c

