CALEB Se acomoda sobre la manta, su pecho subiendo y bajando con cada respiración entrecortada que toma. Mi toque es cauteloso, y ella no puede anticiparlo, ni lo que tengo planeado para ella. Eso me pone nervioso de emoción, mi erección presionando tan fuerte a través de mis jeans que siento que podría liberarse sola si se lo propusiera. Mirando mi teléfono, absorbo la imagen que acabo de tomar de ella. Está oscura, pero con la luz del fuego danzando sobre su piel, es nada menos que arte erótico. —Joder, tu belleza es tanta que casi paraliza. ¿Cómo se supone que un hombre piense cuando te ves así? —digo. —Tendrás que intentarlo. Estoy esperando con las piernas abiertas —responde ella. Una sonrisa burlona se dibuja en mis labios y me inclino, besando sobre su pulso palpitante en la ba

