Elizabeth —Cielos, tu maldito hermano —le espeto a Rina aunque no hay ni un ápice de mordacidad en mi voz. No es su culpa que tenga la relación más complicada del planeta con mi titular. —¿Cuál? —pregunta con tono seco, tomando asiento en nuestra cabina en The Hill, nuestro bar habitual que resulta estar a tiro de piedra del hospital. —Carter. ¿Quién más? —Tengo cinco hermanos, Elizabeth. Cinco hermanos mayores. Así que cuando alguien invoca a Jesús mientras suelta bombas F sobre mis hermanos, tengo que preguntar. Touché. —Pensé que Carter supuestamente era el bueno —refunfuño, tomando el menú laminado en la mesa y fingiendo examinarlo cuando en realidad me lo sé de memoria. —Lo es, supongo. —Se encoge de hombros—. No sé. —Pues nunca lo sabrías. Es… intenso. —Desde que vol

