KIERAN En el momento en que salgo de la ducha, suena el timbre. Con un gruñido, agarro mi toalla, envolviéndola alrededor de mi cintura y corriendo por mi apartamento para abrir la puerta. —Entra, cariño —le grito a Avery mientras casi me rompo el culo, resbalando por todos lados con los pies mojados. La puerta se abre, la sonrisa en mi rostro cae junto con mi estómago. —¿Qué demonios haces aquí? Poppy me mira de arriba abajo, sus ojos deleitándose con mi pecho y abdominales mojados, y aprieto la toalla más fuerte en mi cintura. —Necesitamos hablar —declara con aire despreocupado, una sonrisa ahora en sus labios rojo rubí. Un color que nunca la había visto usar así, y me pregunto si es porque Avery lo hace. —No tengo nada que decirte. Lárgate de aquí. Ella hace un sonido de chasquido

