RAVEN Él besa mis nudillos y luego me guía escaleras arriba. Estas se retuercen y giran, y entonces abre un cerrojo conectado a una puerta de vidrio y, de pronto, estamos en la azotea del edificio. Pero es diferente a cualquier azotea en la que haya estado. Para empezar, está completamente cerrada con vidrio. Y además, es un salón con sofás, una mesa de billar, un maldito bar, televisores—sí, plural, porque hay tres sobre el bar—una mesa de futbolito y una piscina. Y esa piscina es grande. No es olímpica, pero sí lo suficientemente larga para hacer laps… ¡y está en un maldito techo! —Caleb… Eso es todo lo que logro articular. —Si no hiciera tanto frío afuera ahora mismo, presionaría este botón —señala un botón en la pared— y retraería el vidrio. —¿El techo se abre? Se ríe de mi jade

