ELLE Ni dos minutos después, estoy de vuelta en el baño con Stella, quien se esconde de nuevo en el cubículo. —Aquí, cielo. Tengo una toalla sanitaria que puedes usar, unas toallitas de maquillaje para limpiar tus piernas y un suéter que puedes atarte a la cintura para cubrir tu falda. —Gracias, señorita Wilde. Resoplo. —Stella, ya pasó el horario escolar, y no solo soy tu vecina, estamos en medio de una emergencia femenina. Creo que puedes llamarme Elle. Ella no responde, pero unos minutos después sale del cubículo, viéndose un millón de veces mejor. Incluso tiene una sonrisa vacilante, aunque un poco avergonzada. —Gracias, Elle. —Para eso están las amigas. Pero mi consejo si tienes periodos irregulares es que siempre tengas una toalla extra—escóndela en tu zapato o en algún lugar

