KIERAN —Disculpe, Dr. Evans —se acerca una de las enfermeras con cautela, permaneciendo junto al marco de la puerta como si tuviera miedo de que yo estallara en cualquier momento. Y tal vez lo haga. He estado así todo el maldito día—. Lamento molestarlo, pero hemos tenido que añadir a otra paciente a su agenda. Sí. Voy a perder la cabeza en tres… dos… —Pidió verlo específicamente a usted. Me giro en mi silla para fulminar con la mirada a la pobre enfermera aterrorizada, cuyo nombre ni siquiera recuerdo ahora. La última vez que pasó algo así fue Poppy. Y juro por Dios que si es Poppy en esa habitación, nadie en este lugar estará a salvo. Obviamente no puedo estrangular a Poppy, está embarazada, pero la necesidad de agarrar a alguien es real. —¿Para qué está aquí? —estallo. Ella se mue

