Carter —¿Crees que estás lista para ordenar? —pregunta el maldito mesero, y no puedo hacer esto aquí. No puedo decirle todo lo que tengo que decirle, tocarla como necesito tocarla mientras estamos rodeados por este tipo. Miro a Elizabeth, sonriendo. Ella sonríe de vuelta, un millón de cosas pasan entre nosotros. —¿Sabes qué? —le digo al mesero—. Creo que en realidad vamos a pasar de la cena. Perdón por cualquier inconveniente que esto haya causado. Me levanto, dejando dos billetes de cien dólares sobre la mesa y luego extiendo mi mano hacia ella. Elizabeth coloca la suya instantáneamente en la mía y salimos corriendo, tomados de la mano, riendo y sin aliento. Comemos algo de camino a casa, turnándonos para darle de comer al otro sándwiches de pollo y papas fritas. Pero en el momento

