CARTER —No entiendo lo que acaba de pasar —dice Elizabeth mientras nos dirigimos de regreso a mi oficina. Cierro la puerta detrás de nosotros, sintiendo que otro peso se libera de mi pecho. La envuelvo en mis brazos, sosteniendo su cuerpo flexible contra el mío. Sus ojos, tan hermosos, tan azules, me miran asombrados, como si yo fuera un héroe que nunca vio venir ni supo que necesitaba. Pero fue verla tomar mi mano de la manera en que lo hizo, justo frente a Janet y cualquiera que pasara por el hospital, lo que me dejó sin aliento. —Ella es mía —es lo que me estaba diciendo. Ella nos eligió. Ya no hay más obstáculos entre nosotros. Todo está al descubierto, tal como debe ser. Y aquí estamos, juntos, al otro lado de todo. —Es como te dije anoche. No hay nadie más para mí que tú. Eso si

