KIERAN Guiándola hacia el patio lleno de flores y árboles, el cielo n***o observándonos a través del techo de cristal, meto la mano en mi bolsillo, agarrando la caja que aún no ha notado escondida allí. Paseamos hasta que ella ve el picnic que hice preparar para nosotros, completo con velas sin llama y champán. —Kieran —susurra con un aliento vacío. Mis labios recorren su cuello, lamiendo su dulce piel. —¿Buena sorpresa? —Es hermoso. Como algo sacado de un cuento de hadas. —Ese soy yo. El Príncipe Encantador. La ayudo a sentarse en la manta y luego trabajo en el corcho del champán, abriéndolo con un fuerte estallido. Sirviéndole una copa, se la entrego y luego abro la canasta de picnic, cargada con todo tipo de cosas para las que no tengo nada de hambre. Por qué pensé que la comida e

