Leandro detuvo sus pasos al sentir la distancia que Isabelle estaba dejando entre los dos. Por un momento temió que se arrepintiera de venir con él, pero recordó que era mejor no hacer conclusiones precipitadas. En el pasado ese fue su gran error. —¿Por qué te quedas atrás? —le preguntó, estaban frente a la puerta de la casa de sus tíos. —Bueno, me siento un poco nerviosa. No sé cuánto sepan nuestros tíos sobre lo que sucedió entre nosotros. Leandro se acercó a ella, le tomó la mano y enredó sus dedos. Era un acto simple, pero que causó una sensación agradable a los dos. Isabelle miró sus dedos entrelazados con los de Leandro y luego levantó el rostro para perderse unos pocos segundos en sus ojos. —Es probable que estén al tanto de todo lo que pasó, Isa —musitó—. De todas maneras, ¿no

