«¿Ser amiga de Leandro? ¿Era eso posible…?» —No te presiones, hija, pero piensa en lo mucho que eso puede ayudar a Alessandro. Él va creciendo y cuando menos te lo esperes será un niño grande y querrá explicaciones sobre ustedes. Isabelle tragó y miró a su abuela. —No lo sé, abuela, no creo que esté lista para mantener una relación cordial con él. —Es un consejo, hija, puedes tomarlo o desecharlo. Solo recuerda que los años no pasan en balde y, sobre todo, ten presente que más sabe el diablo por viejo, que por diablo. Isabelle apartó la mirada y la dejó sobre el rostro de su hijo. Al ver el rastro de lágrimas que aún le humedecían las mejillas, se le encogió el corazón. —No voy a insistir, tú, mejor que nadie sabe lo que es mejor para ti y para el niño —comentó Verónica, sabiendo que

