—Isabelle, ¿te sucede algo? —la pregunta de Juan Carlos la volvió a la realidad, ella miró el teléfono una vez más y negó. —Estoy bien, debemos darnos prisa o no tendrás oportunidad de hablar con Milena hasta que regresemos de la universidad —dijo, metiendo el móvil de nuevo a la bolsa. Juan Carlos asintió y volvió a su auto para seguir a Isabelle, quien aún no podía controlar los latidos acelerados de su corazón. Era una reacción que no podía controlar; si lo pensaba mejor, no sabía si era emoción, miedo o un poco de ambas. Isabelle trató de no pensar más en el tema, se concentró en la carretera, lo último que necesitaba en ese momento, era ser descuidada. Tenía un hijo por quien preocuparse y para quien mantenerse a salvo. Pensar en Alessandro, sin querer le hizo pensar en Leandro.

