ANASTASIA Caminaba completamente perdida en mis pensamientos. Acababa de salir enojada de la oficina. Había discutido con Christian, otra vez. Era la tercera vez ésta semana, aunque nuestras confrontaciones no llegaban a más de un par de horas y terminabamos en su habitación o en la mía en una pasión desenfrenada y amorosa llamada reconciliación. Habían pasado dos semanas desde mi pequeño accidente. Ese día me asusté hasta la médula cuando no pude manejar el coche a mi antojo y éste se estrelló contra el poste con un fuerte impacto. Gracias a Dios, las consecuencias de aquello sólo fueron unas cuantas magulladuras y un fuerte dolor de cabeza durante dos días. Me quedé en el departamento de Christian durante esos días —a petición de él— pero después que me sentí mejor, me fui de su depart

