La soberbia de Nazgul

1363 Words
Nazgul y Therion regresaron al Caos junto con su nueva gran adquisición, el mago Phantom para vanagloriarse de su destrucción y triunfo sobre los ejércitos de Luciel. Pronto planificarían el ataque final para vencer al Rey. Las noticias de su triunfo se dieron en todo el inmenso Caos, un sin número de formas grotescas y amorfas daban gritos de victoria. Los dragones negros volaban por los cielos sombríos y fuego surgía de sus fauces. Los señores de la oscuridad fueron recibidos con cánticos siniestros dándoles la gloria por mancillar a la Luz. -¡Magnificados sean los amos de las tinieblas! -Su poder es incomparable, la luz será opacada por la oscuridad -¡Magnificados sean los amos de las tinieblas! -El fin de la luz está cerca. -¡Magnificados sean los amos de las tinieblas! -La galaxia entera les rinde tributo. Los tres dioses/demonios recibirían a los vencedores. Las voces de los tres se unieron en Uno solo y palabras malignas salían de sus bocas. -La era de la Luz ha llegado a su final, la maldita creación del dios celestial quedará en cenizas. Todo lo que tiene vida morirá y nos sentaremos en cima de sus cráneos haciendo de ellos nuestros tronos infernales. -Sean glorificados dioses de la oscuridad, Nazgul y Therion sean nuestros ojos centinelas y juntos lograremos el regreso de la oscuridad. He aquí, las Criaturas de las Tinieblas han autorizado a Nazgul revelar los misterios de la obscuridad; para que todo aquel que sea hijo de la obscuridad revele sus entrañas. Y como Therion, surgirá de los océanos del caos, la obra de los seres obscuros. Que por tanto tiempo fue llamada Obra del Maligno, y esto fue signo de infamia. Mas ahora será signo de victoria; por cuanto el poder de los seres obscuros sobreviven todo espacio y transformación; renacerán en gloría, como una vez fue en los tiempos remotos. Por esto dijo Nazgul: -"Bienaventurados todos los elfos que vienen a los mundos del Caos, porque ellos escucharán el mensaje de las Criaturas de las Tinieblas". Nazgul se dirigió a los dioses que le siguieron, y sus enseñanzas les serían para abrazar la oscuridad y repudiar la luz. Therion habló a sus dragones que no son celestiales, por no depender de la luz; y los reconoció como los poderes mayores entre los obscuros. Y el mago n***o Phantom enseñó a los ejércitos de las sombras las maneras del depredador, y les otorgó palabra de revelación. Todos los ejércitos han visto a Nazgul ser entronizado por los dioses oscuros. Y colocar a Therion a su derecha y a Phantom a su izquierda. Y han visto a los dragones negros, los semidioses y los elfos saludarlos, usando por vez primera el saludo obscuro. Todo el Caos estuvo en esta reunión que ocurrió en lo profundo de su propia obscuridad. Una parte de los elfos dejaron de ser criaturas de la luz para convertirse en seres de las tinieblas; algunos de los dragones guardianes del Gran Trono Blanco, desde hoy han dejado de serlo para convertirse a imagen y semejanza de los dragones negros. Nosotros los pocos semidioses que seguimos al gran traidor, hubo mucha confusión. Sentimientos jamás experimentados comenzaron a manifestarse en nosotros. Sentimos por vez primera vergüenza, confusión y temor. Además de esto, una oscuridad inmensa nos cubría, al tiempo que éramos rodeados por un fuego que quemaba todo nuestro ser, consumiendo nuestra belleza y convirtiéndonos a una forma grotesca. Nuestros rostros se perdieron en un gesto de terror, y la luz que siempre habíamos reflejado nos abandonó. Aquello era el resultado inmediato de morar lejos de los reinos celestiales y ser ahora parte del Caos. Por mi parte, cuando todo empezó a tomar sentido, experimenté un odio indescriptible hacia aquel que nos había ocasionado esa desgracia y por el cual habíamos ido a parar a aquel lugar. Cuando nos dimos cuenta de lo que había pasado y cómo habíamos sido transformados, fuimos donde Nazgul para que respondiera por nuestra condición. Al encontrarlo, fue una sorpresa para nosotros verlo cambiado al igual que nosotros. Su cuerpo de luz celeste, totalmente oscurecido; su rostro perdió su belleza por completo. No creíamos lo que veíamos, sin embargo, ahí estaba aquel ser de luz en el abismo, dejando de ser lo que alguna vez fue, el dios más brillante y magnifico después del Rey de los dioses Luciel. Cuando creíamos que todo se había terminado, nos dimos cuenta que aquello apenas comenzaba. De la profundidad del abismo surgieron seres extraños, oscuros, que se unían a nosotros. Cientos de miles de ellos hicieron su presencia, sin que pudiésemos hacer nada contra ellos. Estos seres nos enseñaron por un tiempo las artes oscuras, pero luego fueron puestos en prisiones de oscuridad, encadenados por voluntad del Azatoth, hasta que sean liberados en el momento de la invasión final. Al ver el logro en sus manos, Nazgul lanzó un enorme grito y nosotros con él. Teníamos la autoridad para destruir a la creación, el poder de la muerte, y ahora, esperábamos la destrucción del hijo de Luciel. Durante ese tiempo de soberbia, no se escuchaba otra cosa más que el nombre de Nazgul en voces de miles de elfos, reconociendo su gran poder. A una señal de Nazgul todos guardamos silencio ansiando escucharle. Nazgul habló diciendo: -La espera fue larga, pero hoy les he dado la victoria. He demostrado que mi poder es mayor que el de mi hermano. He destruido gran parte su Reino, y pronto destruiré a su hijo y tomaré toda la Galaxia y el Gran Trono Blanco estará en mis manos. Al término de sus palabras todos pronunciamos su nombre como el grande y temible al cual serviríamos por siempre. La soberbia de Nazgul podía sentirse en todo el Caos, gritando y lanzando injurias y blasfemias a Luciel. Había una cosa que le hacía falta a Lord Nazgul y este era su hijo Mordor, por algún tiempo planificaría la forma para atraerlo al lado oscuro y este pudiera ser su mano derecha. Aradia año 600 En Aradia después de la traición y la destrucción del palacio real y gran parte del mundo por Nazgul y Phantom, una mujer nacería en uno de los Valles donde el mal no había invadido, el nombre de ella Nicol, sus ojos violetas resaltaban su rostro angelical, sus cabellos negros sueltos y siempre vestía una túnica corta de color blanco-celeste. Su sonrisa risueña iluminaba a todos a su alrededor, su familia de humanos se sentía muy feliz de tener a tan virtuosa mujer. Todos los días iba al campo para recoger bellotas y fresas frescas, deliciosos pasteles preparaba a sus padres y a su pequeña hermana. Una vida simple y sencilla vivía con su familia. Nunca Nicol iba a sospechar que en un futuro cercano unos de los dioses más gloriosos, iba a poner su mirada en ella.  El nombre de este dios es Mordor, el hijo de Lord Nazgul. Mordor se hallaba en el Reino celestial para seguir ayudando a Luciel en la reconstrucción de su Reino. Nuevos dragones celestiales crearía con su inmenso poder, desde una bola inmensa de fuego, él formó a su guardas para reemplazar a aquellos que fueron aniquilados por Nazgul y Therion por defender el Trono. Mordor observaba en persona como con la bondad y la mano de Luciel formaba aquellos majestuosos dragones, como tomaban lugar unas grandes alas con los mismos colores del arcoíris, sus garras eran esculpidas con diamantes brillantes y el color de su piel que fueron teñidas de dorado. Al finalizar la obra, el tamaño de estas criaturas era colosales e imponentes, más su mirada proyectaba la misma bondad y paz que su creador. Mordor no entendía como su padre se pudo revelar con un ser tan lleno de amor y ternura por todas sus creaciones. La ambición del poder y ser el amo y señor de una creación que no le pertenecía lo envolvió en la locura. A él le dolía mucho en su alma y de la misma manera a Luciel, ambos conversaron por largos momentos recordando los tiempos de antaño donde todo era armonía y paz entre todos los dioses.
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