El despertador suena, y es Andrea quien lo apaga. Yo, en cambio, ni siquiera me muevo de mi posición actual. No puedo hacerlo. La debilidad no me deja. Aprieto más las sábanas contra mi cuerpo, deseando desaparecer del mundo, cuando las manos tibias de alguien desconocido se posan sobre mis mejillas, obligándome a abrir los ojos. —No tengas miedo, estamos aquí contigo —murmura Andrea para mí, preocupada. Aprieto mis ojos con fuerza, recordando brevemente lo que pasó ayer. El hospital, el doctor, las enfermeras, y después todo se volvió n***o para mí. No, jamás realicé el aborto. No pude. Dudé. Tanto que al final terminé desmallándome por el miedo y los nervios. Quise agendar la cita para hoy, pero ¿con qué motivo. No quiero hacerlo, es algo que ya tengo claro. Pero aun así sigo tem

