Llegue a casa y fui directo al cuarto de Armand, la verdad que cada vez estaba más grande, su padre tenía razón, su metabolismo es diferente al de todos, Armand estaba plácidamente dormido en su cuna, al sentir mi presencia se despertó, sus tiernos brazos se alzaron a mí para que le cargara, es increíble cómo sin importar lo apresurado y alocado de las cosas, este pequeño se había vuelto todo para mí, lo saqué de la cuna, me lo llevé a mi cuarto y comencé a leerle un cuento, sus lindos ojitos me miraban con atención, sin dudas entendía lo que estaba leyendo, de repente sentí sus pequeñas manos acariciar mi mejilla, alce la mirada y ahí estaba, un sentimiento de amor me llenó y enterneció de una forma en la que nunca había experimentado, sentí un cúmulo de emociones en mi pecho y de mis ojo

