Cuando finalmente llegamos al barrio donde se realizará la fiesta, detenemos nuestra carrera y tratamos de caminar tranquilamente para no levantar sospechas, aunque clara e inevitablemente nos encontramos jadeando y con la boca seca. Nos apoyamos contra la pared de la calle para ponernos nuestros tacones mientras aprovechamos a recuperar el aliento; está demás en aclarar que nos quitamos el calzado para: 1) no doblarnos el tobillo, tropezarnos o romperlos, 2) evitar llamar la atención de transeúntes y policías con nuestros pasos y, en parte también, 3) evitar ponernos más nerviosas con el incesante traqueteo de estos. —No olvides actuar normal — Me dice mientras reanuda nuevamente el paso —. Somos dos adolescentes comunes y corrientes que asistirán a una fiesta cualquiera. —Bueno — Respo

