El viento golpeaba con fuerza, pero Valeria no sentía el frío, todo en su interior ardía. Alejandro había salido hacia lo que, ella lo sabía, era una misión suicida. No quería dejarlo solo, no ahora. Valeria condujo a toda velocidad por la carretera oscura. Su corazón latía como un tambor de guerra, sabía que Alejandro estaba yendo directo a su padre y que este enfrentamiento no terminaría sin sangre. Pero lo que más le dolía era que Alejandro había decidido enfrentarlo solo. "Si algo me pasa..." Esas palabras la perseguían como un eco maldito, no iba a dejar que nada le pasara. Pisó el acelerador. Cuando llegó al muelle abandonado, el aire tenía el olor metálico del agua sucia y el eco de un pasado que no se había enterrado del todo y ahí estaba Alejandro. De pie, con la esp

