El reloj en la pared marcaba las 7:55 p.m. cuando Valeria llegó a la oficina de Alejandro. Su corazón latía con fuerza mientras subía en el ascensor, sintiendo que el aire a su alrededor se volvía más denso con cada piso que pasaba. No tenía idea de qué quería hablar con ella, pero después de su conversación con Sofía, cada encuentro con Alejandro le parecía un juego peligroso. ¿Sabía que lo estaba investigando? ¿O simplemente la estaba poniendo a prueba? Cuando llegó a la puerta, respiró hondo y llamó. —Adelante —respondió la voz profunda de Alejandro. Valeria entró. Él estaba de pie, mirando por la ventana con una copa de whisky en la mano. La iluminación tenue del despacho lo hacía parecer aún más intimidante, como si cada sombra a su alrededor contara un secreto que ella aún no

