Jinny Me incorporo sobre mis rodillas, sujetando sus antebrazos desnudos antes de que pueda irse. —No —protesto, sabiendo en mi nublado cerebro que me arrepentiré de esto—. No finjas que no me alquilaste un barco... —Fletar. —... para no acostarte conmigo en él. No hay ninguna otra razón posible por la que un hombre como tú haría esto por una mujer como yo. Mi boca se cierra de golpe. Aquí todo está en silencio. No se oye el suave chapoteo del océano contra el barco. Ni el zumbido de los equipos. Las palabras quedan suspendidas entre nosotros como un desafío. La mirada de Alexander baja hasta mi hombro, donde queda expuesta la tira de mi sujetador. —No pretenderé saber qué es lo que crees que hace un hombre como yo. Pero, ¿en cuanto a una mujer como tú? No hay mujeres como tú. Al m

