Los meses siguieron pasando, aunque para el resto del mundo pasaban los días, las horas, acá el tiempo se detenía y no avanzaba. Pasó el año nuevo y, por ende, mi cumpleaños número catorce, oficialmente. También pasó enero, los carnavales de febrero e incluso, había llegado la semana santa, en abril, pero para mí, nada avanzó, cada día de mi estancia en este lugar había sido igual, horrible, malo y doloroso. Lo peor no era la situación con el profesor, que nunca se detuvo, eso era lo que menos me dolía, pero la incertidumbre, era lo que me estaba acabando. No sabía nada de Igor, no permitieron que mis amigos lo visitaran porque la policía, sabía quienes eran cada una de las personas cercanas a mí y sabían, que yo estaba buscando la manera de comunicarme y no lo permitieron. Así que no habí

