Valentina, veintiocho años (tres meses antes de morir):
—Señor, nada más estábamos conversando —informó Valentina con tranquilidad y una sonrisa educada—. La señorita Merina me hablaba sobre los avances de la fiesta, al parecer todo está saliendo muy bien. —Observó a una Merina abrumada por la situación—. Me alegro mucho por ustedes, espero deseosa el poder asistir a su fiesta de aniversario.
Marko soltó a Merina, intentando calmarse.
—La señorita Sandoval se encuentra en horario laboral, está demasiado ocupada como para atenderte en este momento —dijo Marko a Merina—. Y tú y yo debemos hablar ahora mismo, sígueme.
Merina no tuvo otra opción que seguir a su esposo.
Una vez Valentina se encontró a solas en su oficina, dejó salir una risa de satisfacción, tomó el esfero y le dio vuelta entre sus dedos.
—Oh, todo está marchando tan bien, se avecina un gran desastre —se dijo.
Valentina estaba cambiando las flores de la tumba de Lorenzo, le gustaba ir a la tumba y dejarla en perfecto estado, para que así, todo el que la viera, notara que tenía personas que se preocupaban por él.
No era de esas mujeres que llegaban a hablar con la tumba, ella sabía que ahí nada más estaba el cuerpo sin vida de Lorenzo que era comido por los gusanos. Sin embargo, le gustaba tener un lugar donde podía visitarlo.
El día que conoció a Lorenzo estaba llorando por unas palabras que Marko le había dicho. Recordaba la vergüenza que sintió, por más que intentaba limpiarse las lágrimas mientras volvía a su oficina, le era imposible. Él, siendo bastante caballeroso, le ofreció un pañuelo blanco.
—Tranquila, todo va a estar bien —le dijo con una sonrisa.
No hablaron, después de ese día, nada más se saludaban cuando se encontraban y eso era todo. Ella intentó regresarle el pañuelo, pero Lorenzo le dijo que no era necesario y se lo quedó.
Lorenzo era sumamente guapo, elegante, era evidente que tenía clase. Pero no era un hombre adinerado, era, al igual que ella, un asalariado más. Y, aun así, Valentina sabía que no estaba a su alcance, desde que había llegado a la empresa más de una estaba enamoradísima de él, coqueteándole y él nunca les llegó a prestar atención, lo que las emocionaba más, pues era un hombre difícil, selectivo.
Pero un día, justo cuando Valentina pasaba por su peor momento a causa de los maltratos de Marko, Lorenzo se acercó a ella para preguntarle si se sentía bien.
—Perdone si me entrometo en su vida privada, pero la he visto en varias ocasiones salir llorando de la oficina del presidente —le dijo él cuando estaban en su oficina—. Me tiene preocupado, sospecho que él abusa de su autoridad con usted.
A Valentina le sorprendió y al mismo tiempo se sentía avergonzada y aliviada de que alguien se diera cuenta del infierno que ella estaba viviendo.
Se sintió tan conmovida que se desmoronó frente a Lorenzo y empezó a llorar.
—No es justo lo que él hace con usted, no debería permitir que le siga haciendo daño —dijo él y se acercó a ella, rodeándola con un brazo—. No está sola, no debe pasar por esto sola, señorita Sandoval.
Desde ese día, cada vez que Marko la hacía sentir mal, Lorenzo estaba ahí para ella, consolándola. La invitaba a cenar y casi siempre sus conversaciones eran sobre lo mucho que odiaban su trabajo y sus planes de querer viajar alrededor del mundo.
Lorenzo quería conocer África, le comentó que se sentía como una bestia primitiva que encajaría muy bien con ese ambiente.
Los dos estaban solos, él era huérfano, sin hermanos, sin ningún familiar a quien acudir. Tuvo que salir adelante solo. Y, aunque Valentina tenía familia y amigos, gracias a su trabajo se sentía aislada del mundo, sumergida en una profunda depresión.
Así fue como empezaron a crear un compañerismo, él solía dejarle notas en su oficina con chocolates. Cada vez que Lorenzo lo hacía, a Valentina le parecía que podía soportar mejor el ambiente laboral y se volvía inmune a las palabras cortantes de Marko Rumanof.
Lorenzo no le dio anillo de compromiso a Valentina de esos costosos, de hecho, acordaron casarse porque así sería más fácil el comprar una casa. Los dos vivían arrendados y les parecía muy costoso y acordaron que casándose se podrían ayudar mejor.
Valentina no sentía que Lorenzo la amara, ella tampoco lo amaba a él, pero sí que le tenía mucho cariño y lo más probable es que con el pasar del tiempo aprendiera a amarlo.
Estaban planeando una boda muy sencilla y al mismo tiempo linda, aunque los dos estaban eran más emocionados por su nueva casa y decidieron no tener luna de miel, porque preferían pasar tiempo arreglando su nuevo hogar.
Todo habría sido perfecto, de no ser porque Valentina tenía detrás a Marko que estaba más irritable que nunca, por un momento presintió que le impediría la pedida de mano, porque llegó a decirle que no lo aceptara.
—Casi no lo conoces, ¿cómo se te ocurre casarte con él? —le dijo Marko, cuando quedaron a solas en la entrada del restaurante.
La tomó de los hombros y la zarandeó.
—Valentina, él no te ama, está contigo por interés —insistió Marko—. No te cases con él, aun estás a tiempo.
—¡Suéltame! —Valentina se alejó de él y alisó su vestido nuevo con las manos—. ¿Por qué Lorenzo estaría conmigo por interés? Yo no tengo nada, no tengo dinero, estoy igual de llena de deudas como él.
Marko soltó una risa llena de sarcasmo.
—¿Cómo es posible que seas tan ingenua? ¿Realmente crees que no tienes nada que a él le interese? —Marko puso las manos en su cintura—. Me tienes a mí, sabe que si está contigo puede llegar a mí y sobornarme.
—¡Oh, no puedo creerlo! —soltó Valentina con ironía—. ¿De verdad eres así de iluso? —jadeó—. Para ti, todo se trata de ti, ¿no? Siempre todo lleva a ti. Marko, por favor, baja de tu nube un momento y observa la realidad. —Llevó una mano a su pecho—. Yo me voy a casar con un hombre que sí está interesado en mí y no está nada interesado en sacarte dinero, ¿vale? Deja el drama por un momento. No estamos en el trabajo, todos aquí están celebrando nuestro compromiso y quiero disfrutarlo, así que no quiero escucharte más. ¿Podrías darme ese regalo?
Los ojos de Marko estaban llenos de lágrimas, rojos e impotentes.
—Valentina, por el amor de Dios, date cuenta, aún estás a tiempo, ese hombre no te conviene. No te cases con él.
Valentina dejó salir un suspiro lleno de cansancio.
—Vete, Marko, ¿sí? No quiero que estés en mi fiesta.
—No, tú no deberías casarte…
—¿Y tú sí puedes casarte, pero yo no? —cuestionó Valentina—. Cuando te comprometiste con Merina yo nunca me opuse, ¿por qué no puedes hacer lo mismo y respetar mi decisión?
—Porque ese hombre nada más te hará daño, a su lado estás corriendo peligro. Si fuera otro hombre, uno que realmente te amara, yo estaría de acuerdo, porque quiero que seas feliz.
—¿Feliz? —cuestionó la joven—. Si quieres que yo sea feliz deberías alejarte de mi vida, créeme que sería sumamente feliz. La mujer más feliz del mundo.
Una lágrima rodó con rapidez por la mejilla derecha de Marko. Dio un paso atrás y después hizo pequeños sí con su cabeza.
—Bien, si eso es lo que quieres, lo haré —le dijo y después se fue del restaurante.
Marko nunca cumplió su palabra, porque un mes después asesinó a Lorenzo. Y después fue por ella, acabando con su vida.
.
Actualidad:
Jugaron tres veces más y en todas Valentina ganó. Sabía que debía jugar en serio con él, pues le insultaba que no lo tomaran en serio.
Marko terminó con las mejillas rojas y los ojos brillosos, demostrando una fascinación por la inteligencia de Valentina.
—¿Dónde aprendiste a jugar? —le preguntó a la chica.
—Pasé años observando a alguien aficionado por el ajedrez —contestó ella. Pero se reservó el hecho de que conocía tanto la forma de jugar de su jefe que se había aprendido todos sus movimientos, así que se le hacía fácil ganarle: era predecible.
—¡Valentina es una chica genio! —exclamó Mariana y dio varios aplausos de emoción—. ¡Siempre lo supe, desde el día uno!
El joven la observaba fijamente, algo cambió en su forma de verla. Y esto bastó para Valentina entender que se encontraba en problemas, Marko ya la tenía en la mira y era alguien que… no soltaba un juguete cuando le gustaba.
Así fue como en el transcurso de la semana Marko le enviaba mensajes e hizo que ella volviera a su casa para el día de la fiesta. Al llegar la recibió con el detalle de haberle comprado un vestido y unos tacones.
—Esta noche debes brillar —le dijo.
Eso jamás sucedió antes, Marko jamás se había comportado tan amable con ella.
—Creo que le gustas a mi primo —dijo Mariana mientras la terminaba de maquillar.
—Claro que no —susurró Valentina. Pero sí, ella también lo estaba presintiendo y eso era demasiado terrible, ese no era su plan.
Mariana acabó y se alejó un poco para observarla, desplegando una enorme sonrisa.
—¡Oh, vaya, quedaste hermosa! —exclamó—. ¿Cómo no podría gustar Marko de ti si eres tan hermosa? —cuestionó y se cruzó de brazos—. Desde esta noche no podrá verte como la supuesta hermanita pequeña, eso te lo aseguro.
En ese momento la puerta se abrió y Marko entró usando un traje oscuro hecho a la medida, llevaba el cabello perfectamente peinado y despedía un aroma fresco y cítrico bastante sutil, pero perceptivo.
El joven estaba maravillado observando fijamente a Valentina con una sonrisa.
—Vaya, estás hermosa —soltó y se acercó, la tomó de una mano y le plantó un beso.
—¿Y a mí no me vas a agradecer por mi trabajo? —cuestionó Mariana.
—Claro que sí, nunca he dudado de tus capacidades con el maquillaje —aceptó él y tomó a las dos jovencitas de los brazos—. Hoy serán mis invitadas de honor.
Y mientras Valentina iba bajando las escaleras que daban a la gran sala, pudo ver a todos los invitados voltear a observarlos y entre ellos encontró a Merina, la cual la veía con impresión.
—¿Ves cómo todos te observan? —le susurró Marko al oído—, este es tu momento de brillar.
Merina mientras la observaba entre la multitud abrió la boca de la impresión.
Entonces a Valentina le llegó una idea, ¿y si aprovechaba esta oportunidad y ocupaba el lugar de Merina? ¿Y si impedía su muerte enamorando a Marko Rumanof y se casaba con él? Así los papeles se invertirían e impediría su muerte.
Necesitaba que Merina tomara su lugar y fuera la que muriera prematuramente. Y ella, Valentina, sería quien se quedara con el magnate.