Como era de esperar, el anuncio llegó durante la noche. Lorenzo Bonnano había muerto repentinamente mientras degustaba postres helados de diferentes sabores en el Gran Comedor Estelar. Nadie cuestionó el suceso. Los médicos biomédicos certificaron "fallo cardíaco masivo" - un diagnóstico conveniente para un hombre cuyo corazón había sido veneno puro. En la reunión de emergencia del Consiglio al amanecer orbital, bajo la luz fría de proyectores, nadie osó cuestionarme. Las palabras de Berutti y Pettro resonaban aún como sentencias. En su lugar, con una solemnidad que olía a alivio calculado, me nombraron Princesa Bonnano. Líder Única del Clan. Por primera vez en generaciones, sin tutelas masculinas, sin matrimonios forzados como moneda de cambio. No habría más alianzas que me pusieran en pe

