Sus lágrimas comenzaron a salir sin control. Ella había extrañado tanto su voz que creyó que se desmayaría allí mismo y no sería capaz de poder hablar una sola palabra. —¿Hija? ¿Has podido hablar con tu hermana? —pregunta Alex desde el otro lado. —Soy yo —responde con la voz rota, sus lágrimas podrían inundar la sala tranquilamente—. Soy Emilia, yo... —Oh, dios. ¿En serio eres tu? —el hombre se escuchaba emocionado también— ¿Hija? —Estoy aquí, estoy aquí —trata de tranquilizarse—. No puedo creer que seas tu. Extrañaba tanto tu voz —solloza. —Y yo te extrañaba a ti, mí bebe —Alex tambien está llorando ahora—. Dime cómo estás, ¿Tu hermana está contigo? —Ella se fue ahora, pero estoy en su departamento —seca sus lágrimas—. Dime cómo estás tú. —Estoy bien. Solo un poco ansioso por escuc

