Narrador omnisciente Sarah jadeaba tirada sobre el suelo de aquel gimnasio mientras su mirada estaba perdida en el techo. Michelle la miraba sonriendo mientras se acercaba a su lado. —¿Te he agotado? —dijo con una sonrisa —Definitivamente —jadeó—. Necesito una ducha. —Hemos terminado, puedes ir si quieres —responde acomodando su cabello. —¿Te quedarás para nuestra cita? —levanta una ceja. —Debería ir a casa para cambiarme de ropa. —No hace falta —dijo parándose—. Vamos a mi habitación. —Sarah. —le advirtió—. Tu padre podría vernos... —Él está rumbo a Canadá, así que no lo veremos en una semana. —¿Y los empleados? —No hay nadie dentro de la casa a esta hora excepto Eva, pero ella debe estar tomando una siesta. —No lo sé... —dijo dudando —Me importa una mierda lo que piensen, sí

