Un despertar amargo

1243 Words
Elian Levantarme de la cama me pesa demasiado. Aunque no exactamente por sueño. De eso no tengo nada últimamente. Cada día es más de lo mismo y todo permanece exactamente igual. Vidas nuevas comienzan y otras se van. Algunos migran hacia otros lados, ya sea por matrimonio ó por decisión propia. De la misma forma que personas llegan aquí y todo se queda igual de tranquilo. Mi vida se ha vuelto aburrida y un tanto monótona. Pero qué más da, esto es lo que me toca vivir. Camino hacia el baño como cada mañana, con mi rito de preparación y meditación. Las festividades de la época ya están por comenzar. Familias y amigos que no se han visto en mucho tiempo, al fin llegan para reunirse una vez más. Hoy es nochebuena y también mi cumpleaños. No me gusta la combinación de ambos. Los regalos siempre vienen con una mezcla de diseños de temporada. Cosas que no usaré jamás, excepto cuando llega diciembre claro. La alarma de mi cuarto al fin suena. Señal exacta de que me levanto antes de la hora indicada y no descanso mis horas completas. La apago antes de que me comience el dolor de cabeza. ¿Qué más puedo decir? Llevo años en esta manada como Alfa. Mis padres gozan de buena vida y viven un poco lejos. Pero hoy al fin los veré. Solo tengo un hermano menor que no vendrá hoy. Su esposa está a punto de dar a luz y no queríamos que estuviera de parto en el viaje. Sin embargo, ellos igual tendrán una gran celebración en la manada donde viven. Salgo del cuarto para desayunar algo rico. Aunque no tengo mucha hambre. El servicio ha preparado varias mesas en el jardín de mi casa. Familiares y amigos han estado llegando durante toda esta semana y se han instalado en la planta baja de mi hogar. La planta alta es solo para el Alfa. Solo algunos guardias tienen permitido el paso, mi familia y por supuesto nana. Es un lugar de privacidad y relajación solo para el Alfa y la Luna de la manada. ¡Ah! Por favor. Que Luna ni que nada. Como si tuviese una. Nadie nunca ha llegado a mi vida. He tenido mujeres hermosas por las que no siento absolutamente nada. Todavía no entiendo porque ella no ha llegado a mí. Se espera que cada lobo o loba encuentre a su pareja antes de los treinta ó cuarenta años. ¿Entonces que pasó conmigo? Porque por desgracia hasta el día de hoy, sigo muy solo. He pasado toda mi vida dándome los mejores lujos que puedan existir. Viajes a lugares paradisiacos, restaurantes de la mejor calidad y los mejores platos de la carta. Incluso la ropa que suelo usar cuesta varios miles de dólares. Tengo varios autos deportivos, en los que he llevado a algunas mujeres conmigo. Mujeres por las cuales intento que a la larga signifiquen algo, pero al final no significan nada. Es cierto lo que dicen. El dinero no compra la felicidad. Pero hay que admitir que la pobreza tampoco la compra. Así que prefiero ser un infeliz, pero rico. — Buenos días Elian — Buenos días Nana. — ¿Todavía me llamas así? Es lindo, me gusta. — Siempre serás nana para mí. — Y tú siempre serás mi niño. — ¡Por favor! ya soy un viejo. — ¿Qué dices? Para nada. Te has vuelto un hombre muy guapo y fuerte. Solo mírate en el espejo. Eres alto y muy atlético. Tus ojos son del color del cielo y tu cabello tiene el color del sol y es muy sedoso. Además, tienes a todas las chicas aquí enamoradas de ti. — Lo dices porque me amas. Y esas chicas solo pueden estar enamoradas ó ilusionadas, pero ninguna me ama realmente. ¿Cómo tendré una Luna, si no aparece una que me ame por mi sinceramente? Que me ame por lo que soy y no por lo que tengo. — Se que debe haber alguna escondida por ahí. — Pues parece que se escondió bastante bien. A estas alturas me convertiré básicamente en el tatarabuelo de mis sobrinos. Una risa se implanta en el rostro de mi nana. Me gusta verla feliz. Ella perdió a su esposo hace mucho en un accidente entre manadas. Aunque sé que al menos le queda una hija viva. Le doy un beso en la mejilla y un abrazo a la mujer más hermosa que existe después de mi madre. Ella ha vivido aquí en esta casa desde mucho antes de que yo naciera y desde ese día en que nací, ella se volvió indispensable para mí. — Te ves más feliz de lo normal hoy. — Claro que lo estoy. Andreina está ya en su último año de universidad y por fin tendrá un tiempo libre. — ¿Qué no la has visto? Te pregunto porque es extraño, ya que la universidad está aquí mismo. — Si, claro que sí. La visito cada vez que puedo. Es solo que no me quedo mucho tiempo con ella porque quiero que se enfoque en sus estudios. — Comprendo — Ella vendrá hoy para ayudarme con la cena y luego pasáremos un tiempo juntas. Además, creo que está muy enamorada. Pondré un plato extra por si de casualidad viene acompañada. — Me alegro mucho por ti y por la felicidad de tu hija. Se que ella es lo más importante para ti. — Si, lo es. Por cierto, muchas gracias por todo lo que haces por nosotras. — Que dices, no es nada. — Claro que si lo es. Mi hija puede ir a la universidad porque tu pagas su licenciatura. Además de todos los gastos extras de libros, hospedaje y comida. — Ella es también un m*****o de la manada. Mi deber es velar porque todos estén bien y a gusto aquí. Solo les doy lo que corresponde. — De igual forma gracias. Y ahora déjame terminar con todo esto. Lo necesito para la cena. — No me gusta que te ocupes de la cena. Para eso hay otros en la casa. — ¿Pero y que voy a hacer yo entonces? — Tú ocúpate.. no sé, de liderar al personal ó algo así. Desde ahora eres la encargada de administrar lo que quieras. — Esto es parte de mi trabajo y me gusta hacerlo. Ya no eres un niño y yo no tengo nadie a quien cuidar. Eso que acaba de decir mi nana de alguna forma me dolió. Ella tiene razón. A estas alturas de la vida no tengo hijos. Se supone que ella estuviera ayudando a cuidar a mis futuros hijos. — Lo siento Elian. Yo no quería.. — No, descuida nana. No te preocupes. — Vas a estar bien muchacho. Todo a su tiempo. — Si, gracias. Le doy un último beso a mi nana y salgo al patio principal. Ya hay algunos amigos levantados desayunando y otros estarán aquí muy pronto. Solo agarro una avena, pan y un poco de jugo. Cuando termino de comer todo, me dirijo a uno de mis autos y solo salgo de allí. Me pregunto si una vez más todo será igual que siempre. Espero de corazón que no, porque ya me daré por vencido. Por la Diosa ya quiero que acabe este día. Porque odio los regalos. Siempre desenvuelvo lo que alguien más quiere, pero nunca lo que yo espero.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD