De camino a la villa, Marcos testeaba, mientras tanto, Maite llevaba la mirada centrada en el exterior, soltaba varios suspiros al remembrar cada momento que pasó en esa ciudad, en cada parte de esa urbe tenía un recuerdo feliz junto a ese hombre que se encontraba a su lado. Cuando se giró a ver a Marcos, se encontró con los oscuros ojos de este observándole, poniendo los ojos en blanco regresó la mirada a la ventana. En un par de horas llegaron a la villa, aquella villa en la que siempre se hospedaba cuando la visitaba, en la que compartieron tanto, en la misma donde Maite se quedó a dormir muchas noches, y él jamás la tocó, porque decía quererla para que fuera su esposa, y que, una vez convertida en su mujer, la haría suya sin descanso. —Bienvenido señor Heredia—, dirigió la mirada a

