Marcos agarró la silla, la arrastró hacia a fuera y se sentó con una sonrisa de medio lado, lo veía y no lo creía, después de tantos años volvía a ver a ese amigo que tuvo en la infancia, ese niño con el cual compartió mucho. En cuanto a Alex, centró la mirada en los oscuros ojos de Marcos, sus dientes estaban ajustados y sus puños por igual, deseaba poder partirle la cara a Marcos, sobre todo, borrarle esa sonrisa estúpida que tenía dibujada —Supongo que sabes quién soy, ¿verdad? —Por supuesto—, la lengua la pasó entre sus dientes y labio, su mirada conectada a la de Alex era retadora. Marcos Heredia era un hombre que jamás descendía la mirada antes que su rival lo hiciera, solía siempre ser él, quien obligue a la otra persona a bajar la mirada —Tambien sabrás por qué estás aquí—, Alex

