Estaba sumergida en los pensamientos que ni si quiera se fijó cuando el abogado estacionó el auto, este tuvo que tocarla con sutileza para que ella regresara de su trance. Maite miró al hombre a su lado el cuál tenía el labio partido y un ojo hinchado, se preguntó ¿cómo pudo manejar así? —Maite, hemos llegado—, dijo el abogado mientras tocaba su labio partido. —¿A dónde me trajo? ¿qué es este lugar?—, Sin dar una respuesta, Ángel marcó un número y replicó —Estamos a fuera—, con el ceño fruncido Maite se quedó observándole —Ya es hora que sepas la verdad—, dijo el abogado, y la dejó más aturdida. Seguido salió del auto y le abrió la puerta. —No entiendo, ¿puede explicarme a qué verdad se refiere? —Si me acompañas te aseguro que lo entenderás. Maite salió del auto, al salir vio al jov

