Los días pasaron y la cárcel de Maite era tan frustrante, estar encerrada en esa habitación le llenaba de aburrimiento, a diario pasaba hablando con su bebé y tejiendo ropa con unas lanas que encontró, aunque aún no sabía que sexo tendría su hijo, su instinto de madre le anunciaba que era un niño, por ello tejió prendas de hombre. Al otro lado de la ciudad, Rebeca estaba histérica, quería irrumpir en la mansión de Marcos para sacar a su hija de ese lugar, no obstante, Alex trataba de calmarla. —No podemos, si Marcos sabe que estamos aquí nos investigará y no podremos vengarnos de él. —Entonces, ¿Nos quedaremos de brazos cruzados mientras Marcos le hace la vida imposible a mi niña? —Ella espera un hijo suyo, por eso se la llevó, no le hará daño, mamá, sabes el poder que tiene sobre est

