CAPÍTULO XI Mientras el tren corría entre las tinieblas, rumbo a la seguridad, la Duquesa, sentada en la litera con una copa de cognac en la mano, hablaba sin cesar Parecía olvidar que Gardenia era su sobrina y por supuesto, más joven que ella. Le hablaba como a alguien de su edad, como a una mujer capaz de comprender su extraña y a veces fascinante existencia. Y mientras corrían las horas, Gardenia dejó de ser una niña y se convirtió en una mujer adulta. No le impresionó lo que escuchó, pero empezó a darse cuenta, por primera vez, de muchas cosas que la habían desconcertado y confundido. Se percató con humildad de cuán tonta había sido y al mismo tiempo, de lo extraña y a veces maravillosa que podía ser la vida, a pesar de todas sus complejidades. Era como si tía Lily regresara al pasa

