Llegó al Hotel de París. Estaba tan emocionada que el ascensor le pareció muy lento. Al salir corrió hacia el pasillo. Tenía en la bolsa las llaves de la habitación de su tía y de la sala. Abrió y entró. Todo estaba en silencio y el aire se sentía pesado, por lo que atravesó el cuarto para abrir la ventana. —Tía Lily— gritó emocionada—. ¡Tengo algo que contarte! Su tía dormía recostada contra los cojines. Parecía injusto despertarla, pero tenía que mostrarle el libro gris. —¡Tía Lily!— llamó de nuevo y después se quedó callada. La habitación se veía distinta de como la dejó. La botella de pastillas no estaba donde la dejó cuando tomó una para dársela a su tía. Estaba ahora sobré el edredón, vacía y el tapón en el suelo. Le dio un vuelco el corazón. ¡Cuando abrió la botella pensó que c
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