En el hospital no había uno siquiera y Marielis que casualmente estaba de guardia, tampoco tenía y eso que a ella nunca le faltaba uno en el bolsillo de su uniforme. Todos corrieron tratando de encontrar alguno. Una detestable mujer los estaba vendiendo a las puertas del hospital. La caja donde los mantenía decía claramente que eran para uso institucional. La tipa se negó rotundamente a facilitarme tan sólo uno. Edward no tenía dinero en efectivo que era lo único que aceptaba y de color verde exclusivamente. No escuchó razones aquella bestia. El joven abogado la amenazó con demandarla, pero apoyada como estaba, le importó un bledo que éste fuese abogado. No le aceptó siquiera el costoso reloj que desesperadamente él lo ofreció mientras iba a buscarle los dólares que exigía y que él buscarí
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