30

4728 Words

chistar nada, ni oponerme siquiera a sus designios. Era eso o nada, era esa mi realidad. Era una realidad y ella misma me gritaba que yo significaba necesariamente eso, una cruel realidad. Y esa realidad tenía voz propia, me gritaba, me decía mil cosas; gritaba mil insultos para mí. Y yo no podía hacer algo más que escucharla, quedarme quietecito y escucharla. No era para menos. Era mi realidad, mía y de mi madre; porque yo aun era un mocoso mugriento como quien dice. No tenía derecho a pataleo. Era por ello que, en ese cuarto de hospital, sufrí callado, los más desastrosos momentos. Parece mentira aun, que lo diga estando sentado con mi padre celestial, mi padre eterno; yo sufrí demasiado. Sufrí más de lo que podía soportar un niño de mi edad. Aun no se porqué se puede sufrir tanto, siend

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD