El silencio en la casa 7, minutos después de la emisión de Mr. Punch, era tenso y poco familiar. Acostumbrados al flujo constante de palabras y al brillo de las ideas, el vacío dejado por el ventrílocuo se sentía como una página arrancada de un libro. Beatriz, directora de agencia de viajes, era el centro de gravedad. Estaba en el salón con sus hijos, Rita y Héctor. Ella, con su intuición a flor de piel, notaba la vibración de terror bajo la superficie de la calma aparente. La ausencia de Daniel, el profesor universitario, era un punto neurálgico que la desestabilizaba. Daniel solía madrugar para hacer deporte, debía estar corriendo por la urbanización o en el gimnasio, pero a esa hora, con la alarma ya sonando, debería haber vuelto. —Tranquilos, hijos —dijo Beatriz, a quien todos llamab

