Cuando volví el siguiente lunes me senté a su lado sonriéndole, pero le noté serio. Y al poco, antes de empezar la clase, se acercó Lucia. Era una chica alta, guapísima, siempre muy bien vestida. Se notaba que tenía dinero. Le abrazó mirándome desafiante, luego le dio un pico y le pidió que se sentará donde ella. Más tarde me enteré que el sábado se habían liado y estaban saliendo. Creo que aguantó un par de meses con ella. Se le veía amargado, porque la niña, aparte de guapa, era muy mandona. Nos enteramos de que era de familia bien, de esas de apellidos compuestos y familiares en la nobleza. El apodo de Lucia la pija, en honor a la comedia de tv, le cayó solo. Y también le cayeron los cuernos, y encima con una compañera de piso que se sentaba a su lado en clases. Vaya espectáculo montar

