Esta noche hay mucha humedad y los truenos lejanos me mantienen despierto. Para colmo, cada vez que cierro los ojos sigo viendo las deliciosas y tentadoras curvas del cuerpo de Sam mientras se retuerce en posturas de yoga cada vez más sugerentes. Justo cuando estoy a punto de quedarme dormido, oigo un tímido golpe en la puerta. —Oye, Pete, ¿estás despierto? —oigo el susurro apagado de Sam que llega hasta mí en la habitación oscura. —¿Eh? ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre? —digo con la voz adormilada. —Creo que vi a alguien afuera, en el jardín trasero. —¿Estás segura? —pregunto, incorporándome mientras mis ojos se acostumbran lentamente a la oscuridad. Sam está de pie en el umbral, con los brazos cruzados sobre el pecho y con expresión preocupada. Lleva un camisón blanco transparente con finos ti

