Manolo colaba manos por debajo sin descaro alguno, amasando las tetas perfectas más abiertamente, pellizcando pezones que ya ardían de lo duros que estaban. Lola apoyada sobre los codos le facilitaba el trabajo, aunque en el fondo sabía que se estaba aprovechando claramente de ella. — Señor… joder… eso ya es demasiado… quíte las manos, por favor —protestó Lola, voz jadeante, pero el cuerpo relajado traicionándola. — Relájate, hija… mira cómo respondes… estos pezones tuyos son una maravilla, tan sensibles… ¿te corriste alguna vez solo con que te los toquen fuerte? Dime la verdad… — Buff… sí… una vez… pero pare… aaaah… no seas tan bruto joder… duele… pero… ahh ahh… — Eres una delicia… se nota que te gusta… dime, ¿te mojas cuando un hombre te domina así, sin pedir permiso?

