Bueno, echo de menos poder beber toda la noche sin despertarme con resaca. Echo de menos sentirme realmente entusiasmado con la música y las películas. Pero no echo de menos las citas incómodas ni el miedo constante a perderme algo. No echo de menos el miedo a que me rechace la chica a la que por fin me decidí a invitar a salir. —Sí, supongo que al mirar atrás uno recuerda todos los buenos momentos. Uno olvida lo solo, inseguro y confuso que era a veces estar soltero. —Sí, prefiero mucho más mi vida ahora —dije, extendiendo la mano por encima de la mesa de madera y tomándole la mano. —Sí, yo también. ¿Qué tal estuvo Sam mientras estuve fuera? ¿Todo bien? —Sí, era buena —dije. De repente, me vino a la mente un recuerdo inapropiado: Sam inclinada sobre mi regazo, mi mano deslizándose sob

