Lucía llegó al departamento de Alex esa noche con una bolsa grande en la mano y una sonrisa nerviosa pero emocionada. Habían pasado la tarde chateando y negociando los detalles. Después de la escena brat del otro día, querían algo diferente: un juego de roles completo, con vestuario, escenario y una historia clara. Todo consensuado, con palabras de seguridad intactas y una salida fácil si alguno se sentía incómodo. Alex abrió la puerta y levantó una ceja al verla. —¿Lista para la oficina después de horas, señorita López? Lucía tragó saliva, entrando en su papel. Llevaba una falda lápiz negra ajustada que le llegaba justo por encima de las rodillas, una blusa blanca semi-transparente con los primeros botones abiertos, tacones altos y el pelo recogido en un moño apretado. Debajo, como hab

