Capítulo 2: Sin permiso para correrse. Lucía seguía de rodillas en el living, el sabor salado de la corrida de Alex todavía en su lengua. Había limpiado su polla con devoción, lamiendo cada centímetro, chupando los huevos pesados y metiéndose todo lo profundo que podía hasta que él volvió a ponerse completamente duro. Ahora la tenía agarrada del pelo, guiando su cabeza con movimientos lentos y controlados. —Buena putita —murmuró Alex, la voz ronca de placer—. Mira cómo tragas mi v***a como si fuera lo único que necesitas. ¿Te gusta tener la boca llena, verdad? Lucía solo pudo gemir alrededor de su polla, los ojos llorosos por el esfuerzo. Asintió lo mejor que pudo. Alex sonrió y empujó un poco más profundo, follándole la garganta con embestidas cortas pero firmes. —Suficiente —dijo de

