Emma se encontraba deprimida sintiendo que era mentira lo que le habían manifestado del doctor Samuel, debido a que estaba bastante relajado al momento de confesarle una verdad tan cruda e importante. Miraba hacia el techo, intentando recordar quién era el padre de Marisol, pero su mente siempre presentaba una cara borrosa como si no quisiera recordar, salió de sus pensamientos cuando sintió un pequeño bulto encima de ella, dándose cuenta que era su hija quien venía feliz, ansiosa y animada del colegio. — ¿Cómo está la princesa más hermosa del mundo? — Manifestó sonriéndole, quitándole la maleta —, Veo que te ha ido muy bien, porque estas bastante animada. — Bien mami, la profesora me ha felicitado — Confesó con una sonrisa de oreja a oreja, mientras Emma la aplaudía —, No solo eso

