—Entonces déjalo hacer su trabajo y vete a casa. Su estrategia es sólida y lo sabes. Cuida a tu mujer. ¿Deseas que os pierda a los dos? Eso hizo que la sangre corriera como si fuese hielo en mis venas. No podía permitir que Lucy sintiera tal pérdida ni tal dolor. —No. Eso es inaceptable. Bahre gruñó. —Es lo que pensaba. No bajes la cabeza, prillón. Lucha como un atlán, como una maldita bestia para volver con ella. —No soy una bestia. —Yo era un guerrero prillón con una compañera y mi segundo a quienes proteger. Haría lo que ordenó Sambor. Confiaría en mí para estar en posición, para cubrirlo. No lo defraudaría. Frío y en calma, subí a la cima de la roca que Sambor había indicado que me daría la ventaja táctica. Esperé pacientemente mientras pasaban los minutos, pensando en nada más q

