Un cavernícola, un bruto, un idiota, eso es lo que era Michel Fernández. Porque al final de cuentas hombre era hombre a pesar de su formación universitaria, de su apariencia, de sus supuestas intenciones. No solo colocó nervioso a Leo durante todo el día con sus miradas insistentes, sino que al llegar a casa con su humor de perros me empezó a reclamar sobre que yo era la del error en todo eso. Qué hombre tan desagradable y tosco. ¿Cómo podía decirme todo eso si acudí a su maravilloso plan? ¿Era mi culpa no ser de piedra? Claro, tenía que sacar la experiencia de su ex, y colocarla como excusa para volver a amar. Y después estallar con lo que sabía le había molestado de esa jornada, Leonardo. Tuve que sentirme bien cuando lo dijo en voz alta. ¿Cómo alguien tan controlado podía sentir celo

