Prólogo

1373 Words
El amor es un largo camino adornado con rosales, hermoso y peligroso. Por lo que amar a alguien era una apuesta a la que jugar todas las cartas que tuvieses. Los riesgos eran muchos, las recompensas difíciles de obtener, pero a mí que me gustaban los retos como todo buen abogado. No me dejaría vencer. La búsqueda se me hizo eterna, y el azar del destino me llevó a pasar por los brazos de los que creí eran los hombres de mi cuento de hadas. Sin embargo, la búsqueda de mi otra mitad, de mi compañero de vida, de mi hombre perfecto fue desastrosa desde la llegada de mi primer amor. Ni el segundo primer amor, ni el tercer primer amor, ni el primer novio “real”, ni el “novio que me hizo volver a creer en el amor”, me hicieron felices. Era una desafortunada en el amor, o eso hasta que él llegó. Aidan Bryrne. Aidan y yo teníamos dos años como pareja ya. Y había sido tan feliz como nunca en mi vida amorosa a su lado. No solo era la pareja más larga que había tenido, sino que me había demostrado con creces lo bueno que era. Lo que comenzó como una relación laboral se desarrolló como una amistad para llegar a un noviazgo y estaba segura de que finalizaría, en mi sueño, matrimonio e hijos. Era un ciclo perfecto y compensatorio por todos mis pesares de amor, encontrar al indicado. No diría que nuestra relación fuese intachable. Sí, no me había dicho el “Te amo” después de dos años pero… es que no le gustaba dar muchas muestras de cariño. Sí, no teníamos mucho sexo, pero… éramos profesionales exitosos enfocados en nuestros oficios, Aidan no era un conejo que deseaba estar en eso todo el tiempo. Si, sentía que me ocultaba cosas en relación a su ex esposa, pero… no era como si tuviese contacto con él, debía ser… debía ser algo más. Todos esos peros no valían de nada para mí, porque Aidan lo tenía todo. Cuando me enfermaba, cuando lloraba, cuando me sentía sola, él estaba para mí. Me consolaba, me apoyaba, me guiaba, me sentía protegida entre sus brazos, lo amaba con una intensidad desconocida. Como no había amado a un hombre. Al igual que mi madre, quien estaba que lanzaba cohetes por nuestra relación, también su tío, el señor Armando. Era muy amable conmigo, algunas veces demasiado, y sentía que algo no estaba bien allí entre los dos. Una tensión sin resolver, pero ya me encargaría más adelante, siendo su esposa. Porque así me lo había insinuado el señor Armando, y nuestros círculos sociales no paraban de hablar sobre ello. Sobre nuestra boda. No es que Aidan me haya dicho algo sobre casarnos, es un tema del que no hemos hablado, tampoco tener hijos. La anticoncepción por igual no era un tópico que hubiésemos discutido, yo tomaba desde adolescente la píldora. Solo se lo comunique. No había mucho que hacer allí, hasta que quisiéramos ser padres. Pero era cuestión de tiempo que me lo pidiese, y yo le diría que sí, obviamente. Aunque jugar con la idea de planearlo me emocionaba. —¿Dije algo que te causó gracia Doris? — me cuestionó Aidan después de tomar de su copa de vino blanco. Estábamos almorzando en mi departamento. —No. Nada, es que Gutiérrez me volverá loca un día con sus demandas y excentricidades — replico cortando la carne de mi filete con el cuchillo y tenedor. Estaba jugosa y tierna. Mis habilidades de cocina eran buenas. —No tienes que soportarlo, no estás en condiciones de soportar rabietas de un hombre que no sabe cómo funcionan las fusiones entre sociedades — me sugiere. Yo vuelvo a sonreír. —¿Qué tipo de profesional seria si cediese un caso tan importante por poder hacerlo? Que sea la hija de la familia dueña del bufete, me dará ese privilegio, pero no lo necesito. Podré con ello. Él me ve analizando mi determinación, la verdad es que me preocupa lo desagradable que estaba siendo Gutiérrez, aun así debía ser certera y letal en estos casos. Aidan asienta con seguridad después. —Podrás con ello. No dejes que las palabras necias de ese hombre te desconcentren. Eres mejor que ellas. En todo aspecto. Y allí estaba, ¿cómo no suspirar por él? Aidan era del tipo de pareja que creía en mí. Que valoraba mis esfuerzos laborales, y no los menospreciaba o desestimaba por ser hija de quien era. —Serás un buen padre ¿lo sabes? — le digo sonriendo con dulzura, lo sería. No obstante, su rostro pasó de ser uno sereno a uno preocupado y después culpable. Sin saber la razón tuve un sentimiento terrible y desagradable. —Doris… — dice mi nombre con un tono suave y deja a un lado sus cubiertos — ¿mi tío te ha comentado acerca de planes que yo no sé? —¿El señor Armando? Para nada. ¿Tú crees que me ha dicho algo? — comentó incomoda ante su expresión. Él toma una larga pausa y yo siento mis manos acalambradas, me enfoco en comer, por algún motivo no lo quiero escuchar. —Sobre matrimonio… mi tío es molesto con el tema. Cuando sabe a la perfección de mi realidad. Me gusta la forma en la que está la relación. —A mí igual — sigo comiendo, no quiero hablar de esto — para la siguiente comida puedo prepararte… Mis palabras improvisadas son detenidas porque Aidan se ha acercado a mí, se sienta en la silla a mi lado. —¿Cómo te imaginas el futuro Doris? —Pues… ah… no creo en el matrimonio, ningún abogado inteligente lo hace. Tampoco en los niños, te detienen profesionalmen- Él toma mis manos y debo verlo a los ojos con los labios pesados. Aidan suspira y niega en preocupación. —Lamento no haberte dicho esto antes. Creía que estábamos en el mismo pensamiento. No deseo casarme de nuevo, no deseo hijos — sus palabras me suenan a mentiras, mentiras que quiero borrar de este mundo. —El matrimonio tampoco es algo en lo que crea — miento, y miento porque no quiero que venga lo que tanto negué. Lo que malditamente negué — y los niños, siempre se puede cambiar de parecer… —Tengo una vasectomía Doris. Desde hace casi cinco años. El silencio se volvió doloroso y mi pecho ardió en agonía. ¿Una vasectomía? ¿Por qué un hombre tan joven sin hijos se la haría? Y lo descubrí, yo no lo sabría porque Aidan nunca se había abierto conmigo. No me había contado sobre su pasado, sobre los motivos de sus pesadillas o las charlas con sus terapeutas y psiquiatras. Tanta profundidad debía tener una causa, una causa que no conocería. Yo no tenía secretos con él, él sí muchos para mí. Mientras las lágrimas recorrían mi rostro y él me explicaba que sería egoísta seguir en una relación de la que yo no sacaría provecho a futuro, solo un nombre se repetía en mi cabeza. Elle. —¿Es por ella? ¿La has vuelto a ver? — susurro con el rostro mojado y la cabeza baja. Él sigue aferrado a mis manos. —No lo he hecho. Perdón por hacerte perder el tiempo. Y yo- —Esa mujer nunca volverá Aidan — tomo valor para verle con el rostro desencajado — tienes derecho a rehacer tu vida. Yo no huiré y te dejaré un día en esa condición en la que te dejó. Yo siempre voy a estar para ti, pasé lo que pasé… porque te amo. ¿Lo entiendes? Ahora soy yo la que aprieto más sus manos. —Solo dímelo, dime que me amas — menciono con la voz desafinada y el rostro rojo, él no dice nada y solo se limita a ver nuestras manos entrelazadas — anda, por favor. Mis sollozos no sirvieron de nada, Aidan nunca me contestó, se limitó a darme su pecho para que llorase hasta quedarme vacía de lágrimas y de sueños de un futuro con él. ..... QUIERO CASARME CONTIGO es un proyecto lleno de segundas oportunidades y nuevos amores. ¿Será que Doris consigue al hombre de sus sueños? ¡Ya lo veremos!
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