Tan molesto estaba Michel al llegar a casa que esa noche sacó algunas cosas básicas de nuestra habitación y se fue a dormir a otra. Sin dirigirme una palabra. Yo que esperaba que hablásemos o que discutiésemos ,me quedé con las ganas porque era inútil tratar de oír su voz, lo único que pude escuchar esa noche aparte de mis palabras temblorosas y arrepentidas de perdón, fue el hipo que me invadió llorando en medio de mi discurso. Pero una vez salió del vestidor y del baño con sus pertenecías, sabía que sería un caso perdido seguir insistiendo. No lo hice más y trate de conciliar el sueño, con inutilidad y más lágrimas ahogándome. Que me dijese que confiaba más en un hombre al que todavía no consideraba como amigo íntimo, más que en él, que me lo había dado todo, solo hizo volver la alm

