¿Saben lo que es sentir una enorme roca que no puedes levantar? Esa que te deja quieta en tu lugar, sin poder moverte ni respirar… así me sentía en ese momento. Alexis estaba encima de mí, aún en la cama. Me daba suaves mordidas en el cuello. Después de darme un orgasmo que aún me tenía temblando, se había acurrucado contra mí porque, según él, le encantaba mi olor. —Alexis… —jadeé un poco, estremecida por su mordida—. Debes moverte, tengo que ir a ver a los niños. Escuché un gruñido de fastidio antes de que se incorporara a regañadientes. —Solo te salvas porque son ellos. Le lancé una sonrisa coqueta mientras recogía mi pijama del suelo. Me la puse rápidamente y bajé. Encontré a Declan y Nadia viendo la televisión tan concentrados que ni parpadearon cuando entré. —Niños, ¿qué quier

