—Niños, prepárense, ya nos vamos. Alexis habló de manera calmada tras terminar de limpiar lo que todos comimos. Nadia tomó la mano de Declan mientras con su otra mano sujetaba su conejo. Con elegancia, me guió con la mano hacia la salida, donde subimos al auto. Alexis me parecía… sumamente extraño. Parecía ese hombre que podía darte el cielo y el infierno si quería, pero parecía querer ocultarse. Una bestia enjaulada. Con su ayuda pusimos a los niños en sus asientos y, tras esto, nos acomodamos mientras él conducía. Fue un viaje sumamente relajante. Los niños cantaban al unísono las canciones infantiles que les ponía, a lo que Alexis solo sonrió ligeramente. —Niños, creo que deben pagarle a la DJ, está colocando música muy buena para ustedes —se burló ligeramente Alexis. —Mami, ¿puede

